En el desarrollo de plataformas logísticas, la sostenibilidad ya no es una opción, sino una condición esencial. Aunque es habitual hablar de eficiencia energética o de materiales sostenibles, uno de los aspectos más relevantes —y a menudo olvidado— es el estado del suelo sobre el que construimos. El suelo no es simplemente un soporte físico: es un sistema vivo que influye directamente en la biodiversidad, la gestión del agua, la estabilidad estructural y la huella ecológica global de cualquier desarrollo.

El suelo como recurso estratégico

Un suelo saludable es un ecosistema complejo, compuesto por minerales, materia orgánica, microorganismos, agua y aire. Este equilibrio es clave para asegurar la infiltración de agua, evitar la compactación excesiva y mantener niveles de biodiversidad funcional. En el ámbito logístico, donde predominan las superficies impermeables, una planificación adecuada permite mitigar impactos críticos como la escorrentía, la erosión y la contaminación de acuíferos.

En GLP, entendemos que el suelo es mucho más que una base para la edificación. Es un activo medioambiental que debe ser gestionado con criterios técnicos durante todo el ciclo de vida de un proyecto, desde la selección del emplazamiento hasta la operación de las instalaciones.

Claves para la conservación y mejora del suelo en desarrollos logísticos

Evaluación previa y análisis del suelo

Toda estrategia eficaz comienza con un diagnóstico preciso. Esto incluye análisis físico-químicos, estudios de compactación, niveles de permeabilidad, concentración de metales pesados y contenido de materia orgánica. Estos datos permiten diseñar un plan de actuación ajustado, que puede contemplar la preservación parcial de capas fértiles, la revegetación o incluso la remediación.

Preservación de la capa fértil

Durante las obras, la capa superficial del suelo suele retirarse. En lugar de desecharla, puede almacenarse adecuadamente para su reutilización en zonas verdes, bermas o cubiertas ajardinadas. Esto contribuye a preservar la biodiversidad del terreno y reduce la necesidad de importar sustratos externos.

Soluciones permeables y sistemas de drenaje sostenible (SUDS)

El diseño debe limitar la impermeabilización. Pavimentos drenantes, zanjas de infiltración, jardines de lluvia o techos vegetales permiten gestionar el agua pluvial, reducir escorrentías y favorecer la recarga de acuíferos.

Restauración ecológica y vegetación autóctona

Las áreas no edificadas del parque deben integrarse al entorno mediante especies vegetales locales, más resistentes y de bajo mantenimiento. Esto mejora la calidad del suelo, favorece la biodiversidad y reduce el consumo hídrico y de insumos.

Prevención de la compactación durante las obras

El movimiento de maquinaria puede degradar profundamente el suelo. Para evitarlo, se deben definir zonas de paso específicas, limitar el tránsito innecesario y proteger las áreas no intervenidas. La revegetación temprana y la estabilización superficial también son recomendables.

El suelo más allá de la obra: mantenimiento durante la operación

La protección del suelo no termina con la finalización de la construcción. El mantenimiento continuado de zonas verdes, sistemas de drenaje y superficies permeables es clave para conservar su funcionalidad ecológica. Esto incluye inspecciones periódicas, control de la compactación, gestión eficiente de residuos y uso responsable de fertilizantes o productos químicos.

En activos como OAXIS GLP Park Madrid Villaverde o G-Park Getafe, este enfoque integral está presente desde el diseño inicial. La obtención de certificaciones como BREEAM “Excepcional” no solo reconoce la calidad del activo, sino también una visión técnica coherente a largo plazo.

Beneficios tangibles

El mantenimiento de un suelo saludable conlleva beneficios reales que impactan de forma directa tanto en la eficiencia operativa como en la sostenibilidad de los activos. En primer lugar, un terreno bien gestionado mejora la infiltración del agua y reduce la escorrentía superficial, lo que se traduce en un menor gasto en infraestructuras de canalización, bombeo o almacenamiento, así como en una optimización de los costes asociados al tratamiento y evacuación del agua pluvial. Este efecto es especialmente relevante en entornos logísticos de gran escala, donde el volumen de superficies impermeables tiende a generar presión sobre los sistemas de drenaje.

Desde el punto de vista ambiental, el cuidado del suelo favorece la biodiversidad funcional y permite reducir la aplicación de insumos químicos como fertilizantes o herbicidas. Esto se traduce en una mejora del desempeño medioambiental global del activo, alineándolo con los estándares ESG que exigen tanto los reguladores como los inversores institucionales. Un suelo en buen estado actúa además como sumidero de carbono, contribuyendo de forma activa a la estrategia climática del proyecto.

En términos de valor inmobiliario, los entornos que integran zonas verdes funcionales, superficies permeables y paisajismo ecológico presentan una mejor percepción por parte de los usuarios y operadores. Este diseño consciente eleva el atractivo del parque logístico y puede incidir positivamente en su valoración a largo plazo. Además, al crear espacios más agradables y saludables, se mejora el entorno laboral para los trabajadores, lo cual refuerza la capacidad de las empresas arrendatarias para atraer y retener talento.

Cuidar el suelo, por tanto, no es una medida estética ni una exigencia puntual de cumplimiento técnico. Es una inversión estratégica que consolida la resiliencia del activo, mejora su rendimiento operativo y fortalece su posicionamiento en un mercado cada vez más exigente y orientado al impacto.

En GLP desarrollamos infraestructuras con conciencia ambiental y visión a largo plazo. Porque entendemos que un suelo sano no es solo el punto de partida de un desarrollo logístico eficiente, sino también el reflejo de un compromiso con el territorio, con las personas y con el futuro del sector.