El mercado logístico español ha dejado de premiar el metro cuadrado por sí solo. Cada vez pesa más la capacidad de un edificio para adaptarse a una operativa que puede cambiar de un trimestre a otro, ya sea por una nueva campaña, un cambio de proveedor tecnológico o una fase de expansión que llega antes de lo previsto.

Un edificio pensado para una única forma de operar puede quedarse desalineado con la realidad de la empresa mucho antes de que termine el contrato, y ahí es donde la flexibilidad del diseño deja de ser un detalle técnico para convertirse en una variable de negocio.

Esta preocupación no solo pertenece a las empresas que buscan espacio, sino también a quienes lo desarrollan. «Antes, una empresa podía adaptarse a una nave de 30.000 metros cuadrados aunque en realidad solo necesitara 26.000. Eso ya no ocurre», explica Óscar Heras Herreros, Director General de Marq Logistics en España. Y es esa misma lógica la que guía cómo Marq Logistics diseña cada edificio: «Hoy intentamos que prácticamente cualquier usuario pueda implantarse en nuestras naves con el menor número posible de modificaciones. Eso afecta a muchos aspectos: la distribución interior, la capacidad de compartimentación, la altura libre, la preparación para automatización, las instalaciones eléctricas o incluso la posibilidad de ampliar determinadas zonas. Cada vez pensamos más en el siguiente inquilino incluso antes de que llegue el primero», resume Heras, en una conversación reciente con El Mercantil.

Marq Logistics: la plataforma global detrás de esta filosofía

Un edificio que se piensa para el inquilino que todavía no ha llegado es un edificio que va a acompañar el crecimiento de un negocio en lugar de condicionarlo, y esa diferencia se nota especialmente cuando la operativa cambia de escala, incorpora automatización o simplemente necesita reconfigurarse más rápido de lo previsto. Es el planteamiento detrás de los edificios 2 y 3 de Marq Logistics Magna Park Villaverde, actualmente en construcción y divisibles en módulos, pensados para que cada inquilino pueda ajustar la superficie a su operativa real sin obras interminables cada vez que el negocio cambia de tamaño.

Detrás de esa forma de construir está Marq Logistics, el nombre que desde hace diez meses ha sustituido al de GLP España tras su integración en Ares Management, la gestora estadounidense de inversión alternativa que administra más de 595.000 millones de dólares en activos a nivel global (de los cuales cerca de 110.000 millones corresponden a su negocio inmobiliario). Bajo la marca Marq Logistics, esa plataforma reúne cerca de 2.000 propiedades y más de 55 millones de metros cuadrados repartidos entre Norteamérica, Europa (presencia en 12 países) y Asia-Pacífico. Son cifras que explican por qué, cuando Julie Solomon, co-responsable de Ares Real Estate, presentó la marca, pudo decir sin exagerar que Marq Logistics nace apoyándose en su posición como número uno entre las tres primeras firmas del sector a nivel mundial.

Calidad, sostenibilidad e innovación: los pilares de Marq Logistics

Esa filosofía de la que hablaba Heras se sostiene sobre algo más que una declaración de intenciones. Se apoya, en primer lugar, en la calidad como estándar no negociable: cada activo se diseña y se mantiene bajo certificaciones exigentes como BREEAM, con soleras preparadas para soportar cargas pesadas e instalaciones eléctricas dimensionadas pensando en el crecimiento futuro de quien las ocupa, de forma que la calidad no dependa de una promesa comercial sino de una especificación técnica verificable.

Se apoya, también, en una sostenibilidad entendida como condición de acceso al mercado y no como una etiqueta añadida al final del proyecto. Cada vez más empresas necesitan que su cadena de suministro cumpla criterios ambientales exigentes porque así se lo piden sus propios clientes, y contar con un edificio que ya incorpora energía renovable, autoconsumo y movilidad eléctrica desde el diseño evita tener que resolver ese problema por separado más adelante.

Por último, la innovación funciona como palanca de eficiencia: sistemas de control y automatización cada vez más avanzados, instalaciones preparadas para la tecnología que exige la logística actual, y una forma de operar que busca mejorar el rendimiento de cada nave más allá del metro cuadrado construido.

Ese giro hacia la personalización no es una moda pasajera: es la respuesta del sector a un mercado donde la única constante es el cambio. Cuando la pregunta ya no es cuántos metros cuadrados ocupar hoy, sino si el edificio va a poder acompañar la evolución del negocio mañana, la flexibilidad deja de ser un extra y se convierte en el criterio que de verdad separa una decisión de una inversión bien hecha.